Seguidores

domingo, 10 de mayo de 2026

Cuidados y empleabilidad (#9 Descifrando la empleabilidad)

 



Cuando hablamos de cuidados, hablamos de todas aquellas acciones orientadas a sostener la vida y el bienestar de otras personas, desde el nacimiento hasta la vejez. Cuidar implica alimentar, asistir en tareas básicas, acompañar, escuchar, contener emocionalmente, gestionar tratamientos médicos, apoyar procesos educativos, supervisar, trasladar y hacerse cargo de innumerables gestiones que permiten que todo funcione.

Sin embargo, aunque los cuidados son esenciales para la sociedad y tienen indudables repercusiones en la economía de los países, continúan siendo poco reconocidos, escasamente valorados y distribuidos de manera desigual entre hombres y mujeres y si bien, en países como Chile, hay avances por leyes como las llamadas Ley SANNA y la Ley TEA, que protegen a madres y padres trabajadores frente a algunas necesidades de acompañamiento de sus hijos, aún no es suficiente.  

Una sociedad que no reconoce el valor de los cuidados termina expulsando del empleo a quienes más responsabilidades tienen, profundizando desigualdades sociales, económicas y de género.

En la actualidad, millones de personas intentan compatibilizar sus responsabilidades de cuidado con la necesidad de acceder y mantenerse en un empleo. Madres y padres que crían solos, familias sin redes de apoyo, trabajadores con jornadas extensas y sistemas laborales rígidos enfrentan diariamente enormes dificultades para responder simultáneamente a las exigencias laborales y familiares.

Detrás de cada trabajador o trabajadora que logra sostener su empleo mientras cuida de otros, existe una historia de esfuerzo silencioso que pocas veces es visibilizado. La falta de salas cuna, los horarios incompatibles con las exigencias que el cuidado implica, las dificultades para acceder transporte adecuado o apoyos comunitarios transforma algo tan básico como trabajar en un desafío permanente para quienes tienen a otras personas a su cargo.

En este contexto, las mujeres siguen soportando gran parte de esta sobrecarga. Aunque ha aumentado su participación laboral, muchas continúan siendo las principales responsables del cuidado de hijos, personas mayores, familiares o personas cercanas enfermas o con discapacidad. Esto repercute directamente en sus trayectorias laborales: abandonan empleos, reducen jornadas, postergan ascensos o aceptan trabajos más precarios para poder cumplir con las responsabilidades domésticas y de cuidado. La desigual distribución de estas tareas no solo afecta la calidad de vida de las mujeres, sino también sus oportunidades de desarrollo profesional y económico.

Los cambios demográficos provocan la aparición de nuevos fenómenos, como la llamada “generación sándwich”. Se trata de personas, generalmente mujeres, entre los 40 y 60 años, que simultáneamente cuidan a sus hijos y a sus padres envejecidos. En algunos casos, además de hijos y padres, también podrían estar a cargo de abuelos, nietos u otros familiares dependientes, lo que incrementa significativamente el desgaste físico, mental y económico.

El cuidado también involucra a quienes acompañan a personas con discapacidad o dependencia severa. Esta responsabilidad requiere conocimientos específicos, acordes a sus necesidades, disponibilidad permanente y una gran carga emocional. Sin embargo, el mercado laboral pocas veces considera estas realidades, generando barreras para la contratación, permanencia y crecimiento profesional de quienes ejercen labores de cuidado.

En este contexto, hablar de empleabilidad implica mucho más que desarrollar competencias técnicas o las llamadas habilidades blandas. También supone preguntarse qué condiciones permiten realmente que una persona pueda trabajar. Cuestiones como la flexibilidad laboral, el teletrabajo, las políticas de conciliación, la corresponsabilidad familiar y los sistemas de apoyo comunitario se vuelven factores fundamentales para sostener la participación laboral y más que un privilegio son una verdadera necesidad.
El desafío es construir culturas laborales más humanas, inclusivas y compatibles con las responsabilidades personales. En un mundo que envejece y donde las estructuras familiares son cada vez más diversas, el cuidado debe dejar de ser un asunto privado para convertirse en un tema central en el desarrollo social y económico. Reconocer, redistribuir y apoyar las tareas de cuidado no solo mejora la calidad de vida de las personas cuidadoras, sino que también fortalece su empleabilidad y productividad y contribuye a la cohesión social.

Les dejo la invitación a leer los anteriores y próximos artículos de Descifrando la empleabilidad, acá en Blogger, en LinkedIn y en WhatsApp y a compartirlos con otras personas para las que pudieran ser de interés o utilidad.

Enlace a Blogger: https://descifrandolaempleabilidad.blogspot.com

Enlace a la newsletter de LinkedIn: https://www.linkedin.com/newsletters/descifrando-la-empleabilidad-7433969374937370624

Enlace al canal de WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBmHHWCRs1pv15i8N0t

Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Actitud y empleabilidad (#18 Descifrando la empleabilidad)

En materia de empleabilidad hay circunstancias que escapan a nuestro control, como el que la empresa en la que trabajamos cierre o tenga un ...