Gestionar conscientemente el desarrollo de carrera es una de las formas más efectivas para fortalecer la empleabilidad a lo largo del tiempo. No se trata de algo que se construya en un momento puntual de la vida, sino de un proceso que, por lo longevos que estamos siendo, podría extenderse fácilmente por 40 años o más.
En un contexto laboral que cambia a gran velocidad, con transformaciones tecnológicas, económicas y sociales permanentes, proyectar la propia trayectoria profesional se vuelve una necesidad estratégica. Pensar la carrera como un camino largo nos invita a tomar decisiones más conscientes hoy, considerando cómo cada experiencia aporta al futuro, y esto debería hacerse ojalá desde la educación secundaria.
En mis talleres y asesorías suelo repetir una idea que muchas veces sorprende: trabajar en un lugar no es lo mismo que tener una carrera. Un empleo es parte del desarrollo de carrera, pero no es sinónimo de él. Incluso si una persona permanece décadas en una misma institución, su carrera es mucho más amplia que ese espacio. Está compuesta por todos los aprendizajes que adquiere, las competencias que desarrolla, las redes que construye y el valor que es capaz de aportar en distintos contextos.
Por eso, cuando pensamos en el largo plazo, conviene fortalecer aspectos que se mantendrán vigentes, a pesar de los cambios del entorno: la capacidad de aprender continuamente, las habilidades transferibles, la construcción de una identidad profesional clara y una red de contactos significativa. Estos factores acompañan a la persona más allá de una organización específica y permiten adaptarse cuando el contexto cambia, algo que hoy ocurre con mayor frecuencia que en generaciones anteriores.
Aquí aparece una pregunta clave que muchas personas evitan hacerse: ¿qué pasaría con mi trayectoria si el lugar donde trabajo dejara de existir o si, por alguna razón, yo tuviera que salir de él? Si toda la identidad profesional está anclada exclusivamente a una institución o a un cargo, el impacto puede ser enorme. En cambio, cuando la carrera se entiende como un proyecto personal en constante desarrollo, los cambios se vuelven transiciones posibles de gestionar.
En definitiva, la empleabilidad a lo largo de la vida se
construye cultivando una carrera que nos pertenece y de la que somos
responsables nosotros mismos, no una que depende completamente de un lugar
específico. Los empleos cambian, las organizaciones evolucionan e incluso
desaparecen, pero los aprendizajes, el desarrollo de nuestras capacidades y los
propósitos profesionales permanecen. Proyectar la carrera con esta mirada de
largo plazo no solo amplía nuestras oportunidades laborales, sino que también
nos entrega mayor autonomía, y de algún modo más poder, para navegar los inevitables cambios del
mundo del trabajo.
Valeria Troncoso Gervasi, Asesora educacional y en empleabilidad
Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio

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