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domingo, 28 de junio de 2026

Metas y empleabilidad (#15 Descifrando la empleabilidad)


Como veíamos en el artículo anterior, cuando hablaba del propósito, saber para qué hacemos lo que hacemos entrega sentido y dirección a nuestras decisiones. Sin embargo, el propósito necesita transformarse en acciones concretas, que se van a desarrollar a lo largo del tiempo, y convertirse en metas.

Las metas responden al ¿qué quiero lograr?" y al ¿cómo avanzaré? Son objetivos concretos, con un horizonte temporal y, algo importante, también son medibles. Las metas permiten avanzar y convertir nuestras aspiraciones en realidades posibles; son el puente entre aquello que nos mueve profundamente y los pasos que damos cada día.

Las metas deberían plantearse a corto, mediano y largo plazo y pueden ser de menor o mayor envergadura. Algunas se relacionarán, por ejemplo, con matricularse (y terminar) un curso, aprender una nueva herramienta necesaria para el trabajo que hacemos o mejorar ciertos hábitos, que pueden tener gran relevancia en el ámbito profesional o laboral o en la vida personal.

Otras metas estarán vinculadas con obtener un grado académico, acceder a un determinado empleo, emprender un proyecto o alcanzar una mayor estabilidad económica. Tener claridad respecto de aquello que queremos lograr nos ayuda a orientar nuestros esfuerzos y a tomar decisiones más conscientes.

Las metas, ligadas a nuestro propósito, influyen en lo que estudiamos, en las áreas en las que decidimos perfeccionarnos, en los trabajos que buscamos y en los círculos, redes y comunidades de las que elegimos formar parte. Del mismo modo, determinarán con quiénes generamos alianzas y qué oportunidades estamos dispuestos a explorar.

Las personas que nos rodean, las conversaciones que sostenemos y los espacios en los que participamos contribuyen a la consecución de las metas y, además, pueden abrir caminos que quizás no habíamos considerado antes para cumplir esas metas.

Sin embargo, es importante comprender que la vida no siempre se desarrolla como la imaginamos. No todos los planes resultarán como esperamos y, en más de una ocasión, cometeremos errores. Equivocarse forma parte del proceso y cada experiencia, incluso aquellas que parecen un fracaso, puede transformarse en una oportunidad de aprendizaje. Después de todo, muchas veces el crecimiento personal y profesional se construye precisamente a partir de los desafíos y de la capacidad de volver a intentarlo. Mi propia historia como estudiante de Pedagogía en Castellano, y luego profesora por más de 30 años, partió porque no pude estudiar Periodismo y apareció en mi vida esta otra opción que tomé.

Hay una expresión muy conocida que se relaciona con lo que estamos hablando: si un plan no funciona, cambia el plan, pero no la meta. La perseverancia no significa insistir siempre de la misma manera, sino tener la flexibilidad necesaria para buscar nuevos caminos. Incluso las metas pueden modificarse con el tiempo, dependiendo de las circunstancias personales, familiares o del contexto en que vivimos.  A lo largo de la vida las prioridades cambian y es natural que aquello que era relevante en una etapa deje espacio a nuevas aspiraciones.

Por otra parte, alcanzar una meta no debería significar detenerse. Cada logro puede dar paso a nuevos desafíos y a nuevas formas de aportar a los demás. Y algo muy importante: las metas se relacionan no solo con lo profesional y deberían considerar lo que esperamos para nuestra vida personal.

Debemos reconocer que las metas personales y las metas profesionales se encuentran estrechamente relacionadas. La llegada de un hijo, el cuidado de un familiar, una mudanza, un problema de salud o una nueva oportunidad de trabajo de los padres o la pareja en otra ciudad pueden influir en las decisiones laborales y formativas. Del mismo modo, un cambio profesional puede tener consecuencias en nuestra vida personal. Por ello, más que perseguir objetivos aislados, conviene buscar un equilibrio que permita avanzar en ambas dimensiones de manera armónica.

Enfocarnos en las metas permitirá dar dirección a nuestros esfuerzos, fortalecer nuestra motivación, reconocer nuestros avances y construir una vida con mayor sentido, crecimiento y satisfacción, tanto para nosotros como para quienes nos acompañan en el camino. Promover esta mirada en las nuevas generaciones resulta especialmente importante: enseñar a niños y jóvenes a soñar, a proponerse objetivos y a perseverar frente a las dificultades constituye un valioso legado.

Te agradezco que hayas leído hasta el final y te dejo la invitación a leer los anteriores y próximos artículos de Descifrando la empleabilidad, acá en Blogger, en LinkedIn y en WhatsApp y a compartirlos con otras personas para las que pudieran ser de interés o utilidad.

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Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio


domingo, 21 de junio de 2026

Propósito y empleabilidad (#14 Descifrando la empleabilidad)


Muchas personas se sienten insatisfechas con lo que hacen día a día en su trabajo, y yo creo que a todos nos ha pasado más de una vez en nuestra trayectoria laboral y no sabemos explicar muy bien por qué. En los distintos artículos de Descifrando la Empleabilidad hemos visto que la empleabilidad se relaciona con encontrar un empleo, pero, además, con hacer bien el trabajo que ya tenemos y que influyen en ella muchísimos factores. Hoy revisaremos algo aún más profundo que lo que hemos leído en las publicaciones anteriores: hablaremos del propósito, ese "para qué" que da sentido a nuestra profesión, oficio o a la labor que realizamos.

¿Han escuchado esa historia que suele contarse en relación con el propósito? Durante la construcción de una catedral, alguien preguntó a tres trabajadores qué estaban haciendo. El primero respondió que estaba cortando piedras; el segundo, que estaba ganándose la vida; y el tercero contestó que estaba construyendo una catedral. Más allá de la veracidad de la historia, nos deja una enseñanza clara: la manera en que comprendemos lo que hacemos cambia nuestra experiencia del trabajo.

La perspectiva anterior vale para todos. Quien repara zapatos permite que una persona pueda caminar sin dificultades para cumplir con sus responsabilidades diarias. Quien realiza labores de aseo en un lugar contribuye al bienestar y la salud de quienes habitan ese espacio. Un docente está aportando para que los sueños de sus estudiantes puedan cumplirse. Un médico puede hacer que una persona recupere su salud para que siga compartiendo con sus seres queridos. Miren con estos lentes lo que ustedes hacen y aquello que realizan las personas que les rodean. Probablemente descubrirán que hay mucho más valor y mucho más impacto del que solemos reconocer.

Podríamos pensar que el propósito es algo que se descubre una vez y permanece inalterable durante toda la vida. Sin embargo, las experiencias personales y profesionales, las distintas etapas que atravesamos y las necesidades del contexto hacen que ese sentido también evolucione.

Lo que motivaba a una persona hace veinte años puede no ser exactamente lo mismo que la moviliza hoy. Que yo esté escribiendo este artículo sobre un tema que hace algunos años no estaba entre mis preocupaciones es un ejemplo de ello. Y eso no significa haber perdido el rumbo. Por el contrario, crecer, aprender y vivir nuevas experiencias transforma la manera en que queremos aportar al mundo.

En ese proceso, la reflexión y el autoconocimiento juegan un papel fundamental. Porque la empleabilidad no solo se construye desde lo que sabemos hacer, sino también desde la comprensión de quiénes somos y de aquello que podemos aportar.

Conocernos mejor implica reconocer nuestras fortalezas, nuestros intereses, nuestros valores y aquello que nos genera satisfacción. Supone, además, descubrir nuevas competencias por desarrollar y preguntarnos cómo estas pueden ponerse al servicio de los demás.

Este enfoque tiene una relación directa con las oportunidades laborales. Quienes comprenden el sentido de lo que hacen suelen estar más dispuestas a actualizar sus conocimientos, a explorar nuevos caminos y a enfrentar los cambios con mayor flexibilidad. Esa disposición favorece la búsqueda de empleo, permite mantener la vigencia profesional y facilita la generación de nuevas ideas y proyectos. En un entorno laboral cambiante, la empleabilidad requiere aprendizaje continuo y una motivación profunda que dé sentido a ese esfuerzo y nos entregue el impulso que necesitamos para levantarnos cada mañana.

Cuando lo que hacemos está conectado con nuestro propósito, la satisfacción personal y profesional tiende a mantenerse o incluso a aumentar. Esto no significa que desaparezcan las dificultades o que todos los días sean perfectos. Significa que existe una razón más profunda para seguir adelante. Además, quienes trabajan desde ese sentido suelen transmitir entusiasmo, generan ambientes más positivos y favorecen el bienestar de quienes les rodean. Y es que, finalmente, nuestro trabajo nos solo nos impacta a nosotros, indudablemente influye en nuestro entorno.

No siempre es fácil descubrir el propósito o darse el tiempo para reconectar con él. A veces, tampoco existe la posibilidad de realizar cambios que, en ocasiones, podrían ser radicales; pero, incluso cuando no tenemos el trabajo que soñamos, podemos descubrir ese gran aporte que otros necesitan y para el que nuestra experiencia, conocimientos y talento tienen mucho que ofrecer; se trata de redescubrir el sentido y el valor de aquello que hacemos cada día.

Te invito a reflexionar sobre este tema respecto al trabajo que ya tienes o a ese que deseas conseguir y a tenerlo presente cuando lideres un equipo o un proyecto, cuando acompañes a otros en sus decisiones vocacionales o cuando tengas la oportunidad de contribuir al desarrollo de quienes te rodean. Tal vez una de las preguntas más importantes que podemos hacernos no sea únicamente "¿en qué quiero trabajar?", sino también "¿para qué quiero hacerlo?".

Cuando tenemos claridad respecto de ese propósito, las decisiones laborales y de desarrollo profesional adquieren una dirección más consciente y significativa.

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Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio


 

domingo, 14 de junio de 2026

Espíritu emprendedor y empleabilidad (#13 Descifrando la empleabilidad)

 


 

Si hay una idea que ha aparecido una y otra vez en distintos artículos de Descifrando la empleabilidad es que las oportunidades no son estáticas. Cambian, evolucionan y, además, exigen de nosotros algo más que conocimientos técnicos. En ese contexto, el espíritu emprendedor aparece como una capacidad fundamental para desenvolverse en un mundo cada vez más dinámico e incierto.

El espíritu emprendedor es mucho más que crear una empresa o iniciar un negocio. Es una forma de afrontar la vida. Implica observar el entorno, identificar oportunidades, reunir los recursos necesarios y actuar para alcanzar los objetivos propuestos. En ese proceso entran en juego conocimientos, competencias, recursos económicos, tiempo y una inversión importante de energía y, por supuesto, la capacidad de perseverar cuando las cosas no resultan como se esperaba.

Por eso, desarrollar una capacidad emprendedora favorece la empleabilidad incluso de quienes nunca tendrán un negocio propio. Una persona puede ser trabajadora dependiente toda su vida y, aun así, destacar por su iniciativa y capacidad para resolver problemas. Son precisamente esas personas las que impulsan mejoras, lideran proyectos, generan valor y encuentran nuevas oportunidades laborales en espacios donde sus aportes son reconocidos. Incluso existen organizaciones en las que se valora tanto el intraemprendimiento que se generan condiciones para que ocurra y los empleados puedan probar sus ideas.

Hablar de espíritu emprendedor implica ampliar la mirada. Emprender no se limita a la empresa privada ni al lucro. Puede expresarse en proyectos personales vinculados al propio plan de vida, en iniciativas comunitarias, en organizaciones sociales, en establecimientos educacionales o en instituciones públicas. Emprender es, en definitiva, transformar ideas en realidades, movilizando recursos y generando cambios con un propósito definido.

Detrás de todo ello existe un componente esencial: la creatividad. La capacidad emprendedora exige imaginar alternativas diferentes a las tradicionales, reconocer necesidades y encontrar soluciones nuevas a problemas antiguos o emergentes. En un contexto donde los cambios tecnológicos, sociales y laborales son cada vez más acelerados, esta creatividad se convierte en una competencia clave para la empleabilidad, la innovación y la construcción de respuestas sostenibles frente a los desafíos que enfrentamos como personas y como sociedad.

Pero desarrollar un espíritu emprendedor también supone cultivar determinados hábitos. Implica mantener una actitud permanente de aprendizaje, el que se logra no solo con estudios formales, sino también a partir de leer libros, escuchar podcasts, participar en eventos, aprender de otras experiencias y rodearse de personas con las que sea posible intercambiar ideas y crecer. Significa, además, vencer el miedo al fracaso, comprender que equivocarse forma parte del proceso y que es indispensable acercarse a otras mentes emprendedoras que desafíen nuestras propias creencias, amplíen nuestras posibilidades de acción y nos incentiven a actuar.

Necesitamos más espíritu emprendedor en todos los niveles y sectores. Más personas capaces de pasar del diagnóstico a la acción, más organizaciones que promuevan la innovación y más espacios educativos que ayuden a desarrollar esta capacidad desde edades tempranas. Las autoridades tienen una responsabilidad importante, pero también cada uno de nosotros.

Trabajar en nuestro propio espíritu emprendedor y promoverlo en quienes nos rodean, tanto en el ámbito personal como en el profesional, puede ser una de las mejores formas de construir trayectorias más significativas y contribuir a fortalecer la empleabilidad y a la construcción de una sociedad con mayores oportunidades para todos.

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Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio


miércoles, 10 de junio de 2026

Pasatiempos y empleabilidad (#12 Descifrando la empleabilidad)


Cuando se habla de empleabilidad, pensamos inmediatamente en títulos profesionales, grados académicos, certificaciones, conocimientos técnicos o experiencia laboral. Sin embargo, existe un factor que no siempre se considera y que puede marcar una diferencia importante en el desarrollo profesional: los pasatiempos.

Las más diversas actividades que realizamos por gusto, interés o diversión pueden convertirse en una fuente valiosa de competencias altamente apreciadas en el mundo laboral. Además, los pasatiempos suelen revelar aspectos de la personalidad que son atractivos para los empleadores.

Quien practica un deporte de manera constante fortalece la disciplina, la perseverancia, el trabajo en equipo y la capacidad para enfrentar desafíos. Quien participa en actividades artísticas desarrolla creatividad, sensibilidad, comunicación y pensamiento innovador. Quienes participan en voluntariados evidencian compromiso social y capacidad de colaboración.

En el ámbito educativo he sido testigo de cómo el interés personal de algunos docentes en los juegos de mesa, en la música y el cine les ha permitido enriquecer, con esos recursos, las prácticas de aula y que los estudiantes se impliquen y consigan los aprendizajes esperados.

Una persona que conozco adquirió, en un voluntariado que realizó, conocimientos y experiencia que fueron considerados en el momento en que postuló a un trabajo, junto con los estudios que había cursado, y lo consiguió.

Así también, por ejemplo, docentes a los que les guste leer mucho o escribir, contarán con eso no solo para desarrollar mejor su labor, si imparten alguna asignatura relacionada con dichos temas en un establecimiento educacional, sino que podrían realizar talleres en la misma institución o al alero de alguna otra organización e incluso de manera independiente. Una posibilidad semejante tienen profesionales del ámbito educativo que jueguen ajedrez.

Sin embargo, no basta con tener pasatiempos. También es importante aprender a identificar las competencias que se consiguen a través de ellos y el valor que se aporta por desarrollarlos, y saber comunicarlo adecuadamente.

Por otra parte, los pasatiempos también contribuyen a nuestro bienestar, un aspecto estrechamente relacionado con el desempeño laboral. Las personas que cuentan con espacios para desconectarse, desarrollar intereses propios y equilibrar la vida personal con las exigencias del trabajo suelen presentar mayores niveles de motivación y satisfacción. Cuidar la salud física y mental favorece la sostenibilidad de cualquier trayectoria profesional.

Sobre este tema, hay personas que sí han pensado en los pasatiempos al escribir su CV, pero muchas veces surge la duda de si incorporarlos o no y en qué lugar hacerlo.  Y la respuesta es, dependiendo del tipo de actividad podrían ir en la sección Experiencia profesional o en una sección Otros antecedentes, pero antes es importante evaluar si los conocimientos y las habilidades se conectan, de uno u otro modo, con el cargo al que se postula, porque eso haría aún más pertinente que se incorporen y que eso se haga en una u otra sección.

Aunque no las hayamos dejado en el CV, debemos tener en cuenta que, en muchas entrevistas laborales, se consulta por aficiones o lo que se hace en el tiempo libre, con el objetivo de identificar aspectos como las competencias que pudieran ser transferibles al puesto de trabajo o los valores y formas de relacionarse con el entorno.

La próxima vez que alguien nos pregunte cuáles son nuestros pasatiempos, quizás la respuesta tenga más importancia de la que imaginamos para nuestra empleabilidad.

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Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

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Actitud y empleabilidad (#18 Descifrando la empleabilidad)

En materia de empleabilidad hay circunstancias que escapan a nuestro control, como el que la empresa en la que trabajamos cierre o tenga un ...