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domingo, 26 de julio de 2026

Actitud y empleabilidad (#18 Descifrando la empleabilidad)


En materia de empleabilidad hay circunstancias que escapan a nuestro control, como el que la empresa en la que trabajamos cierre o tenga un proceso de reestructuración y que incluso desaparezca nuestro cargo. Pero hay algo que sí está en nuestras manos: la actitud con la que decidimos enfrentar esas circunstancias.

En términos generales, la actitud es la disposición de ánimo y el modo de enfocar las situaciones de la vida y la forma de actuar de una persona.

Si estamos sin empleo, es natural sentir tristeza, frustración o miedo. Si estamos viviendo algún tipo de cambio laboral, también es normal preguntarnos qué vendrá después.

Estas emociones son propias de la naturaleza humana, lo importante es darnos cuenta de que, a pesar de ellas o junto con ellas, podemos tener una actitud positiva y no porque haga desaparecer los problemas, sino porque cambia la manera en que los enfrentamos y actuamos.

Una actitud negativa suele inmovilizarnos, nos convence de que no vale la pena postular una vez más, aprender algo nuevo, pedir ayuda, ampliar nuestra red de contactos o probar un camino distinto. Poco a poco, dejamos de ver posibilidades.

En cambio, una actitud abierta y constructiva nos dispone a buscar los apoyos que sean necesarios, a aprender, adaptarnos y descubrir oportunidades que antes pasaban inadvertidas.

En distintos artículos de Descifrando la empleabilidad he compartido ideas relacionadas con este tema, porque las trayectorias laborales no se construyen únicamente con un título profesional y los conocimientos que conlleva, también se fortalecen cuando tenemos claro para qué hacemos lo que hacemos, cuando entendemos que el cambio dejó de ser una excepción para convertirse en parte de nuestra vida y cuando somos capaces de crear nuestros propios proyectos en lugar de esperar a que aparezcan.

Y esta actitud no solo es relevante cuando buscamos empleo, sino también cuando lo tenemos.  Las organizaciones se transforman, aparecen nuevas tecnologías, cambian los equipos, los roles y las expectativas. En ese contexto, quienes mantienen la curiosidad, la disposición para aprender y la capacidad de reinventarse suelen estar mejor preparados para aprovechar las oportunidades que surgen.

En otro ámbito relacionado con empleabilidad, como los procesos de selección laboral, la actitud no reemplaza los conocimientos ni la experiencia, pero podría influir en quién consigue el trabajo cuando dos personas tienen un nivel técnico muy parecido y hay una sola vacante disponible.  El interés genuino por aportar o la forma de enfrentar los desafíos son aspectos que también observan quienes entrevistan en esas instancias.

Este enfoque no desconoce los desafíos particulares que enfrentan muchas personas, como aquellas con alguna discapacidad, las que han experimentado el edadismo, quienes cuidan a un familiar y deben compatibilizar esa responsabilidad con el trabajo, habitan en zonas alejadas de centros urbanos, o localidades pequeñas, o viven diferentes formas de discriminación o exclusión.

Esas barreras existen y sería un error minimizarlas. Sin embargo, aun reconociéndolas, sigue habiendo un espacio de acción personal desde el cual podemos actuar, desarrollar nuevas competencias, fortalecer nuestras redes y aprovechar las opciones que estén a nuestro alcance.

Te agradezco que hayas leído hasta el final y te dejo la invitación a leer los anteriores y próximos artículos de Descifrando la empleabilidad, acá en Blogger, en LinkedIn y en WhatsApp y a compartirlos con otras personas para las que pudieran ser de interés o utilidad.

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Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio

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lunes, 13 de julio de 2026

Formación continua y empleabilidad (#17 Descifrando la empleabilidad)

 


Durante muchos años se describió nuestro entorno como un contexto VUCA (que es la sigla en Inglés) o VICA, caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad. Estas características explicaban por qué las organizaciones y las personas debían desarrollar una mayor capacidad de adaptación.

Y en la última década ha comenzado a utilizarse otro concepto que refleja aún mejor la realidad actual: el mundo BANI. Este modelo describe un entorno frágil (Brittle), ansioso (Anxious), no lineal (Non linear) e incomprensible (Incomprehensible).

No solo enfrentamos cambios permanentes; también vivimos situaciones difíciles de anticipar, donde pequeñas decisiones, o no tomarlas a tiempo, generan grandes consecuencias, y donde muchas veces no existen respuestas únicas. Son un ejemplo elocuente de ello las guerras con todas sus repercusiones a nivel global y el cambio climático con fenómenos extremos y desastres que, hasta hace algunos años, eran impensados.

Varias semanas atrás escribí sobre desarrollo de carrera y la empleabilidad, planteando que la empleabilidad no consiste únicamente en encontrar trabajo, sino en desarrollar, mantener y fortalecer la capacidad de generar valor a lo largo de toda la vida laboral. En otro artículo abordé la autogestión del aprendizaje, destacando que hoy ya no basta con esperar que nuestro empleador defina qué debemos aprender: cada persona necesita asumir un rol activo en su propio desarrollo.

Ambos temas tienen un punto de encuentro en un concepto que hoy resulta imprescindible: el aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning). Más que una tendencia, constituye una necesidad para desenvolverse en un mundo que cambia a una velocidad sin precedentes.

Cada año aparecen nuevos materiales, nuevas tecnologías, normativas nuevas, nuevos procedimientos y metodologías y nuevas formas de organizar el trabajo, entre muchos otros cambios, que nos obligan a actualizarnos permanentemente si no queremos quedarnos obsoletos profesionalmente y/o que nuestras empresas o en las que trabajamos dejen de ser competitivas.  Y esto ocurre en prácticamente todas las áreas.

Hace algunos años asociábamos los drones casi exclusivamente con fotografías aéreas, videos, después de sumaron los espectáculos de luces. Hoy también cumplen funciones fundamentales en la agricultura, el monitoreo forestal, la minería, la inspección de infraestructura, el estudio del medio ambiente y la gestión de emergencias.

Algo similar ocurre con la inteligencia artificial. En pocos años pasó de ser una tecnología reservada para especialistas a convertirse en una herramienta que apoya tareas tan diversas como redactar documentos, traducir textos, diseñar materiales educativos, analizar grandes volúmenes de información, incluso para diagnósticos médicos, o mejorar procesos de atención a clientes, automatizar procesos y programar.

La robótica también ofrece ejemplos muy ilustrativos. Existen robots que trabajan de manera completamente autónoma en distintas industrias y otros que colaboran en la labor profesionales altamente especializados. En medicina los sistemas robóticos permiten asistir a los cirujanos en procedimientos de alta precisión, ampliando las capacidades humanas sin reemplazar el juicio clínico del equipo médico.

La lista podría continuar con energías renovables, impresión 3D, biotecnología, análisis de datos, ciberseguridad, construcción sustentable y muchas otras áreas donde el conocimiento se renueva constantemente.

Mi trayectoria es un buen ejemplo de lo que estoy hablando. Si hubiera pensado que el aprendizaje terminaba al obtener mi título profesional, difícilmente estaría hoy redactando este artículo, utilizando distintas herramientas digitales, creando contenidos para distintas plataformas y hablando de temas sobre los que he ido aprendiendo en estos años. Y no solo he estado escribiendo, sino también realizando charlas y talleres. Cada nueva competencia ha ampliado mis posibilidades de aportar a otras personas y también de seguir construyendo mi propia empleabilidad.

Las competencias técnicas, la experiencia, las habilidades transversales y las transferibles e incluso las redes de contacto se fortalecen cuando mantenemos una actitud permanente de aprendizaje.

En un mundo donde el conocimiento cambia más rápido que nunca, la capacidad de seguir aprendiendo es, probablemente, la competencia que sostiene a todas las demás y resulta muy importante tener esa perspectiva en el desarrollo de nuestra carrera y, además, promover esta mirada en distintos espacios.

La familia tiene un papel fundamental cuando valora la curiosidad, fomenta el hábito de leer, incentiva las preguntas y transmite que aprender nunca termina.

La educación escolar puede desarrollar el pensamiento crítico, la capacidad de investigar y de aprender de manera autónoma.

La educación superior, por su parte, necesita formar profesionales que comprendan que su título representa un punto de partida y no un punto de llegada.

Asimismo, la educación superior tiene el desafío de ofrecer oportunidades de formación continua pertinentes, flexibles y conectadas con las transformaciones del mundo laboral, favoreciendo la actualización permanente de conocimientos y competencias a lo largo de la vida profesional.

La empleabilidad no depende únicamente de lo que sabemos hoy, sino también de nuestra capacidad para seguir aprendiendo, desaprender aquello que ya no aporta valor y volver a aprender cuantas veces sea necesario.

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Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio


domingo, 5 de julio de 2026

Mundial de fútbol y empleabilidad (#16 Descifrando la empleabilidad)


 

¿Se fijaron en lo que pudo conseguir el Mundial de Fútbol 2026? En los más diversos lugares del país, cientos de personas se reúnen para intercambiar láminas del álbum de esta copa mundial. Se han hecho convocatorias en redes sociales para asistir a plazas, estadios, gimnasios, centros comerciales y en muchos otros espacios con el objetivo de ayudarse mutuamente a completar el álbum. Incluso alguien desarrolló una aplicación para encontrar, de forma rápida, a quienes tiene las láminas que otros necesitan.

Mientras observaba este fenómeno, donde personas que eran desconocidas entre ellas intercambiaban con gran entusiasmo sus láminas repetidas, no pude evitar preguntarme: ¿y si hiciéramos algo parecido para favorecer otras causas, por ejemplo, la empleabilidad?

¿Y si aplicáramos esa misma lógica de colaboración para conectar personas y necesidades con conocimientos y oportunidades? Probablemente descubriríamos que muchas soluciones u opciones están más cerca de lo que imaginamos.

En materia de empleabilidad, de alguna manera, esto ya ocurre en algunos contextos. Existen instituciones de educación superior, organizaciones de la sociedad civil, fundaciones y municipios que generan espacios permanentes o eventuales, como ferias laborales, donde las personas pueden acceder a orientación, capacitación, redes de contacto y oportunidades de trabajo. Son iniciativas valiosas, pero aún insuficientes frente a la magnitud del desafío que actualmente enfrentamos respecto al desempleo.

Lo que está ocurriendo a propósito de las láminas de este álbum podría replicarse, a gran escala como a pequeña escala, pero con relación a los empleos. 

Las instituciones de educación superior que aún no realizan ninguna actividad para favorecer la empleabilidad de estudiantes y exestudiantes podrían organizar algunos eventos para convocar a quienes buscan oportunidades laborales y a quienes pueden ofrecerlas, ya sean organizaciones o personas.

O una junta de vecinos podría reunirse para identificar, por un lado, cuáles son los principales requerimientos de las personas que viven en su barrio y, por otro, quiénes cuentan con los conocimientos u ofrecen los servicios para ayudar a resolverlos. Muchas veces el talento ya existe dentro de la comunidad; lo que falta es el puente que permita conectar la necesidad con la oferta.

Los centros de padres en algunos establecimientos educacionales han creado bolsas de trabajo virtuales, eso podrían imitarlo en otros centros educacionales. Y generar también instancias presenciales para que ocurra algo semejante a lo que comento sobre las juntas de vecinos.  En algunos lugares incluso se hacen ferias para difundir los emprendimientos de los apoderados.

Puede que lo que propongo ya se haga en muchas comunidades, si es así, ojalá que tenga difusión para que más personas se motiven a hacer lo mismo. Y que no se malentienda, no se trata de promover el empleo informal. 

Favorecer la empleabilidad implica un conjunto de acciones, pero una especialmente relevante es generar oportunidades para que las personas puedan mostrar sus capacidades y construir redes de confianza.  Además, en un mundo en el que se está transformando drásticamente el mercado laboral, fortalecer el capital social puede convertirse en una ventaja tan importante como desarrollar competencias técnicas.

Tal vez ha llegado el momento de pensar, como suele decirse, "fuera de la caja". En lugar de esperar que todas las soluciones provengan desde los organismos gubernamentales, también podemos preguntarnos qué instancias de encuentro somos capaces de crear en los distintos espacios en los que nos movemos y que aporten al bien común.

Las mejores ideas no siempre requieren grandes presupuestos; muchas veces nacen de la voluntad de colaborar y de la capacidad de organizar a las personas en torno a un mismo propósito.

En tiempos de la irrupción desenfrenada de la inteligencia artificial, Chile y, en realidad, todos los países, necesita reconocer el enorme valor de su gente. La tecnología seguirá avanzando, pero el desarrollo dependerá de cómo seamos capaces de potenciar nuestras ventajas competitivas y de conectar talentos con necesidades.  Quizás el próximo gran "intercambio" que deberíamos promover no sea el de láminas, sino el de oportunidades.

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