Como veíamos en el artículo
anterior, cuando hablaba del propósito, saber para qué hacemos lo que hacemos
entrega sentido y dirección a nuestras decisiones. Sin embargo, el propósito
necesita transformarse en acciones concretas, que se van a desarrollar a lo
largo del tiempo, y convertirse en metas.
Las metas responden al ¿qué
quiero lograr?" y al ¿cómo avanzaré? Son objetivos concretos, con un
horizonte temporal y, algo importante, también son medibles. Las metas permiten
avanzar y convertir nuestras aspiraciones en realidades posibles; son el puente
entre aquello que nos mueve profundamente y los pasos que damos cada día.
Las metas deberían plantearse
a corto, mediano y largo plazo y pueden ser de menor o mayor envergadura. Algunas
se relacionarán, por ejemplo, con matricularse (y terminar) un curso, aprender
una nueva herramienta necesaria para el trabajo que hacemos o mejorar ciertos
hábitos, que pueden tener gran relevancia en el ámbito profesional o laboral o
en la vida personal.
Otras metas estarán vinculadas
con obtener un grado académico, acceder a un determinado empleo, emprender un
proyecto o alcanzar una mayor estabilidad económica. Tener claridad respecto de
aquello que queremos lograr nos ayuda a orientar nuestros esfuerzos y a tomar
decisiones más conscientes.
Las metas, ligadas a nuestro propósito,
influyen en lo que estudiamos, en las áreas en las que decidimos
perfeccionarnos, en los trabajos que buscamos y en los círculos, redes y
comunidades de las que elegimos formar parte. Del mismo modo, determinarán con
quiénes generamos alianzas y qué oportunidades estamos dispuestos a explorar.
Las personas que nos rodean,
las conversaciones que sostenemos y los espacios en los que participamos contribuyen
a la consecución de las metas y, además, pueden abrir caminos que quizás no
habíamos considerado antes para cumplir esas metas.
Sin embargo, es importante
comprender que la vida no siempre se desarrolla como la imaginamos. No todos
los planes resultarán como esperamos y, en más de una ocasión, cometeremos
errores. Equivocarse forma parte del proceso y cada experiencia, incluso aquellas
que parecen un fracaso, puede transformarse en una oportunidad de aprendizaje.
Después de todo, muchas veces el crecimiento personal y profesional se
construye precisamente a partir de los desafíos y de la capacidad de volver a
intentarlo. Mi propia historia como estudiante de Pedagogía en Castellano, y
luego profesora por más de 30 años, partió porque no pude estudiar Periodismo y
apareció en mi vida esta otra opción que tomé.
Hay una expresión muy conocida
que se relaciona con lo que estamos hablando: si un plan no funciona, cambia el
plan, pero no la meta. La perseverancia no significa insistir siempre de la
misma manera, sino tener la flexibilidad necesaria para buscar nuevos caminos.
Incluso las metas pueden modificarse con el tiempo, dependiendo de las
circunstancias personales, familiares o del contexto en que vivimos. A lo largo de la vida las prioridades cambian
y es natural que aquello que era relevante en una etapa deje espacio a nuevas
aspiraciones.
Por otra parte, alcanzar una
meta no debería significar detenerse. Cada logro puede dar paso a nuevos
desafíos y a nuevas formas de aportar a los demás. Y algo muy importante: las
metas se relacionan no solo con lo profesional y deberían considerar lo que
esperamos para nuestra vida personal.
Debemos reconocer que las
metas personales y las metas profesionales se encuentran estrechamente
relacionadas. La llegada de un hijo, el cuidado de un familiar, una mudanza, un
problema de salud o una nueva oportunidad de trabajo de los padres o la pareja en
otra ciudad pueden influir en las decisiones laborales y formativas. Del mismo
modo, un cambio profesional puede tener consecuencias en nuestra vida personal.
Por ello, más que perseguir objetivos aislados, conviene buscar un equilibrio
que permita avanzar en ambas dimensiones de manera armónica.
Enfocarnos en las metas
permitirá dar dirección a nuestros esfuerzos, fortalecer nuestra motivación,
reconocer nuestros avances y construir una vida con mayor sentido, crecimiento
y satisfacción, tanto para nosotros como para quienes nos acompañan en el camino.
Promover esta mirada en las nuevas generaciones resulta especialmente importante:
enseñar a niños y jóvenes a soñar, a proponerse objetivos y a perseverar frente
a las dificultades constituye un valioso legado.
Te agradezco que hayas leído
hasta el final y te dejo la invitación a leer los anteriores y próximos
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pudieran ser de interés o utilidad.
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Valeria Troncoso Gervasi
Asesora educacional y en empleabilidad
Acompaño a personas de Chile a
planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un
mercado laboral en constante cambio

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