Muchas personas se sienten
insatisfechas con lo que hacen día a día en su trabajo, y yo creo que a todos
nos ha pasado más de una vez en nuestra trayectoria laboral y no sabemos
explicar muy bien por qué. En los distintos artículos de Descifrando la
Empleabilidad hemos visto que la empleabilidad se relaciona con encontrar
un empleo, pero, además, con hacer bien el trabajo que ya tenemos y que
influyen en ella muchísimos factores. Hoy revisaremos algo aún más profundo que
lo que hemos leído en las publicaciones anteriores: hablaremos del propósito,
ese "para qué" que da sentido a nuestra profesión, oficio o a la
labor que realizamos.
¿Han escuchado esa historia que
suele contarse en relación con el propósito? Durante la construcción de una
catedral, alguien preguntó a tres trabajadores qué estaban haciendo. El primero
respondió que estaba cortando piedras; el segundo, que estaba ganándose la
vida; y el tercero contestó que estaba construyendo una catedral. Más allá de
la veracidad de la historia, nos deja una enseñanza clara: la manera en que
comprendemos lo que hacemos cambia nuestra experiencia del trabajo.
La perspectiva anterior vale para
todos. Quien repara zapatos permite que una persona pueda caminar sin
dificultades para cumplir con sus responsabilidades diarias. Quien realiza
labores de aseo en un lugar contribuye al bienestar y la salud de quienes habitan
ese espacio. Un docente está aportando para que los sueños de sus estudiantes
puedan cumplirse. Un médico puede hacer que una persona recupere su salud para
que siga compartiendo con sus seres queridos. Miren con estos lentes lo que
ustedes hacen y aquello que realizan las personas que les rodean. Probablemente
descubrirán que hay mucho más valor y mucho más impacto del que solemos
reconocer.
Podríamos pensar que el
propósito es algo que se descubre una vez y permanece inalterable durante toda
la vida. Sin embargo, las experiencias personales y profesionales, las
distintas etapas que atravesamos y las necesidades del contexto hacen que ese
sentido también evolucione.
Lo que motivaba a una persona
hace veinte años puede no ser exactamente lo mismo que la moviliza hoy. Que yo
esté escribiendo este artículo sobre un tema que hace algunos años no estaba
entre mis preocupaciones es un ejemplo de ello. Y eso no significa haber
perdido el rumbo. Por el contrario, crecer, aprender y vivir nuevas
experiencias transforma la manera en que queremos aportar al mundo.
En ese proceso, la reflexión y
el autoconocimiento juegan un papel fundamental. Porque la empleabilidad no
solo se construye desde lo que sabemos hacer, sino también desde la comprensión
de quiénes somos y de aquello que podemos aportar.
Conocernos mejor implica
reconocer nuestras fortalezas, nuestros intereses, nuestros valores y aquello
que nos genera satisfacción. Supone, además, descubrir nuevas competencias por
desarrollar y preguntarnos cómo estas pueden ponerse al servicio de los demás.
Este enfoque tiene una relación
directa con las oportunidades laborales. Quienes comprenden el sentido de lo
que hacen suelen estar más dispuestas a actualizar sus conocimientos, a
explorar nuevos caminos y a enfrentar los cambios con mayor flexibilidad. Esa
disposición favorece la búsqueda de empleo, permite mantener la vigencia
profesional y facilita la generación de nuevas ideas y proyectos. En un entorno
laboral cambiante, la empleabilidad requiere aprendizaje continuo y una
motivación profunda que dé sentido a ese esfuerzo y nos entregue el impulso que
necesitamos para levantarnos cada mañana.
Cuando lo que hacemos está
conectado con nuestro propósito, la satisfacción personal y profesional tiende
a mantenerse o incluso a aumentar. Esto no significa que desaparezcan las
dificultades o que todos los días sean perfectos. Significa que existe una
razón más profunda para seguir adelante. Además, quienes trabajan desde ese
sentido suelen transmitir entusiasmo, generan ambientes más positivos y
favorecen el bienestar de quienes les rodean. Y es que, finalmente, nuestro
trabajo nos solo nos impacta a nosotros, indudablemente influye en nuestro
entorno.
No siempre es fácil descubrir
el propósito o darse el tiempo para reconectar con él. A veces, tampoco existe
la posibilidad de realizar cambios que, en ocasiones, podrían ser radicales;
pero, incluso cuando no tenemos el trabajo que soñamos, podemos descubrir ese
gran aporte que otros necesitan y para el que nuestra experiencia,
conocimientos y talento tienen mucho que ofrecer; se trata de redescubrir el
sentido y el valor de aquello que hacemos cada día.
Te invito a reflexionar sobre
este tema respecto al trabajo que ya tienes o a ese que deseas conseguir y a
tenerlo presente cuando lideres un equipo o un proyecto, cuando acompañes a
otros en sus decisiones vocacionales o cuando tengas la oportunidad de contribuir
al desarrollo de quienes te rodean. Tal vez una de las preguntas más
importantes que podemos hacernos no sea únicamente "¿en qué quiero
trabajar?", sino también "¿para qué quiero hacerlo?".
Cuando tenemos claridad respecto
de ese propósito, las decisiones laborales y de desarrollo profesional
adquieren una dirección más consciente y significativa.
Te agradezco que hayas leído hasta el final y te dejo la invitación a leer los anteriores y próximos artículos de Descifrando la empleabilidad, acá en Blogger, en LinkedIn y en WhatsApp y a compartirlos con otras personas para las que pudieran ser de interés o utilidad.
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Valeria Troncoso Gervasi
Asesora educacional y en empleabilidad
Acompaño a personas de Chile a
planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un
mercado laboral en constante cambio

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