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domingo, 21 de junio de 2026

Propósito y empleabilidad (#14 Descifrando la empleabilidad)


Muchas personas se sienten insatisfechas con lo que hacen día a día en su trabajo, y yo creo que a todos nos ha pasado más de una vez en nuestra trayectoria laboral y no sabemos explicar muy bien por qué. En los distintos artículos de Descifrando la Empleabilidad hemos visto que la empleabilidad se relaciona con encontrar un empleo, pero, además, con hacer bien el trabajo que ya tenemos y que influyen en ella muchísimos factores. Hoy revisaremos algo aún más profundo que lo que hemos leído en las publicaciones anteriores: hablaremos del propósito, ese "para qué" que da sentido a nuestra profesión, oficio o a la labor que realizamos.

¿Han escuchado esa historia que suele contarse en relación con el propósito? Durante la construcción de una catedral, alguien preguntó a tres trabajadores qué estaban haciendo. El primero respondió que estaba cortando piedras; el segundo, que estaba ganándose la vida; y el tercero contestó que estaba construyendo una catedral. Más allá de la veracidad de la historia, nos deja una enseñanza clara: la manera en que comprendemos lo que hacemos cambia nuestra experiencia del trabajo.

La perspectiva anterior vale para todos. Quien repara zapatos permite que una persona pueda caminar sin dificultades para cumplir con sus responsabilidades diarias. Quien realiza labores de aseo en un lugar contribuye al bienestar y la salud de quienes habitan ese espacio. Un docente está aportando para que los sueños de sus estudiantes puedan cumplirse. Un médico puede hacer que una persona recupere su salud para que siga compartiendo con sus seres queridos. Miren con estos lentes lo que ustedes hacen y aquello que realizan las personas que les rodean. Probablemente descubrirán que hay mucho más valor y mucho más impacto del que solemos reconocer.

Podríamos pensar que el propósito es algo que se descubre una vez y permanece inalterable durante toda la vida. Sin embargo, las experiencias personales y profesionales, las distintas etapas que atravesamos y las necesidades del contexto hacen que ese sentido también evolucione.

Lo que motivaba a una persona hace veinte años puede no ser exactamente lo mismo que la moviliza hoy. Que yo esté escribiendo este artículo sobre un tema que hace algunos años no estaba entre mis preocupaciones es un ejemplo de ello. Y eso no significa haber perdido el rumbo. Por el contrario, crecer, aprender y vivir nuevas experiencias transforma la manera en que queremos aportar al mundo.

En ese proceso, la reflexión y el autoconocimiento juegan un papel fundamental. Porque la empleabilidad no solo se construye desde lo que sabemos hacer, sino también desde la comprensión de quiénes somos y de aquello que podemos aportar.

Conocernos mejor implica reconocer nuestras fortalezas, nuestros intereses, nuestros valores y aquello que nos genera satisfacción. Supone, además, descubrir nuevas competencias por desarrollar y preguntarnos cómo estas pueden ponerse al servicio de los demás.

Este enfoque tiene una relación directa con las oportunidades laborales. Quienes comprenden el sentido de lo que hacen suelen estar más dispuestas a actualizar sus conocimientos, a explorar nuevos caminos y a enfrentar los cambios con mayor flexibilidad. Esa disposición favorece la búsqueda de empleo, permite mantener la vigencia profesional y facilita la generación de nuevas ideas y proyectos. En un entorno laboral cambiante, la empleabilidad requiere aprendizaje continuo y una motivación profunda que dé sentido a ese esfuerzo y nos entregue el impulso que necesitamos para levantarnos cada mañana.

Cuando lo que hacemos está conectado con nuestro propósito, la satisfacción personal y profesional tiende a mantenerse o incluso a aumentar. Esto no significa que desaparezcan las dificultades o que todos los días sean perfectos. Significa que existe una razón más profunda para seguir adelante. Además, quienes trabajan desde ese sentido suelen transmitir entusiasmo, generan ambientes más positivos y favorecen el bienestar de quienes les rodean. Y es que, finalmente, nuestro trabajo nos solo nos impacta a nosotros, indudablemente influye en nuestro entorno.

No siempre es fácil descubrir el propósito o darse el tiempo para reconectar con él. A veces, tampoco existe la posibilidad de realizar cambios que, en ocasiones, podrían ser radicales; pero, incluso cuando no tenemos el trabajo que soñamos, podemos descubrir ese gran aporte que otros necesitan y para el que nuestra experiencia, conocimientos y talento tienen mucho que ofrecer; se trata de redescubrir el sentido y el valor de aquello que hacemos cada día.

Te invito a reflexionar sobre este tema respecto al trabajo que ya tienes o a ese que deseas conseguir y a tenerlo presente cuando lideres un equipo o un proyecto, cuando acompañes a otros en sus decisiones vocacionales o cuando tengas la oportunidad de contribuir al desarrollo de quienes te rodean. Tal vez una de las preguntas más importantes que podemos hacernos no sea únicamente "¿en qué quiero trabajar?", sino también "¿para qué quiero hacerlo?".

Cuando tenemos claridad respecto de ese propósito, las decisiones laborales y de desarrollo profesional adquieren una dirección más consciente y significativa.

Te agradezco que hayas leído hasta el final y te dejo la invitación a leer los anteriores y próximos artículos de Descifrando la empleabilidad, acá en Blogger, en LinkedIn y en WhatsApp y a compartirlos con otras personas para las que pudieran ser de interés o utilidad.

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Valeria Troncoso Gervasi  Asesora educacional y en empleabilidad

Acompaño a personas de Chile a planificar estrategias de búsqueda de empleo y desarrollo de carrera en un mercado laboral en constante cambio


 

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